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1.- Muchas
series de TV juveniles normalizan las drogas y desautorizan la
figura paterna MADRID,
25/06/2009 Servimedia. / ACPress.net Las
series de televisión trivializan problemas sociales como el consumo
de alcohol y retratan a menudo la figura del padre como una persona
inmadura, cuyas normas pueden transgredirse. Son conclusiones
recogidas en el informe “Qué
menores ven los menores en televisión”,
elaborado por la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC)
para el Defensor del Menor de la Comunidad de
Madrid.
El
estudio ha analizado 87 series emitidas por las cadenas a lo largo
de un mes, con un público preferentemente infantil y juvenil.
Según el informe, las series tratan de modo trivial
cuestiones como las relaciones sexuales de los adolescentes y el
consumo de drogas, especialmente el alcohol, que se convierte en un
rasgo imprescindible (y rutinario) de las relaciones entre iguales,
sin que suelan aparecer referencias a las consecuencias que pueden
provocar estas prácticas.
“Estos
aspectos se reflejan claramente en series como ´Física y Química´ o
´HKM´. Son series que se desarrollan básicamente en un entorno
escolar, pero los argumentos tienen poco que ver con lo
académico”,
indican los autores.
La violencia, muy presente en la
programación infantil y juvenil, se trata de un modo “atractivo”, desde
el punto de vista del agresor y sin mostrar sus consecuencias
negativas.
LA FIGURA DEL PADRE, UN “INMADURO”
Tanto en la programación infantil como en la juvenil, aparece un
cuestionamiento de la figura paterna y de los adultos en general,
pero especialmente de las figuras masculinas. “Muchos
padres son
presentados como inmaduros, egoístas e ignorantes (´Los Simpson´,
´HKM´, ´Padre de familia´)”,
afirma el estudio. “Sus normas y
límites son presentados como reglas más o menos arbitrarias que
pueden y deben transgredirse. El paso a la edad adulta no es
percibido por los adolescentes como un proceso de maduración sino
simplemente de ‘paso
del tiempo’”.
Las series ofrecen una imagen del adolescente como
alguien caracterizado por el narcisismo y la omnipotencia, por lo
que no hay límites a la hora de contravenir las normas. Los
menores se asocian en muchos programas con contenidos de adultos,
poniéndoles en contacto con temas y problemas poco recomendables
para sus edades.
NIÑOS AUTOSUFICIENTES Por su
parte, los niños más pequeños aparecen como seres autosuficientes,
que sólo se relacionan entre ellos y que perciben a los adultos como
una amenaza. Los autores ponen como ejemplo series animadas como
“Little
Einsteins”,
“Pocoyó”
y “Juan y Tolola”.
La figura del menor es utilizada muchas veces como excusa
para ofrecer puntos de vista adultos, de crítica social o
costumbrista, con temas y situaciones claramente perjudiciales para
su desarrollo y sin tener en cuenta las consecuencias que pueden
tener en su formación. Ejemplos de esto, el estudio menciona
“Los
Simpson” y, muy especialmente, “Padre de
familia”.
2.-
Generación `ni-ni´: ni estudian ni trabajan MADRID,
El País. / ACPress.net. Son
jóvenes sin futuro, una generación en la que muchos ni estudian ni
trabajan
Tan
preparados y satisfechos con sus vidas, y tan vulnerables y
perdidos, nuestros jóvenes se sienten presa fácil de la devastación
laboral, pero no aciertan a vislumbrar una salida airosa, ni a
combatir este estado de cosas. El dato asomaba hace poco, sin
estrépito, entre los resultados de la última encuesta de
Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34
años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente
interesado o ilusionado.
¿Ha surgido una generación apática,
desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los
sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente
y juvenil: la de los ni-ni, caracterizada por el simultáneo rechazo
a estudiar y a trabajar.
“Ese
comportamiento
emergente es sintomático, ya que hasta ahora se sobrentendía que si
no querías estudiar te ponías a trabajar. Me pregunto qué proyecto
de futuro puede haber detrás de esta postura”,
señala Elena Rodríguez,
socióloga del Instituto de la Juventud (INJUVE).
La crisis
ha venido a acentuar la incertidumbre en el seno de una generación
que creció en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de
vida y que ha sido confrontada al deterioro de las condiciones
laborales: precariedad, infraempleo, mileurismo, no valoración de la
formación.
Las ventajas de ser joven en una sociedad más
rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las
dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto
vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, se
había hecho tan patente el riesgo de que la calidad de vida de los
hijos de clase media sea inferior a la de los padres.
Ese
temor ha empezado a extenderse, precisamente, entre la generación
que de forma más abrumadora, siempre por encima del 80%, declara
sentirse satisfecha con su vida. El virus del desánimo está minando
la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven aunque
encontremos pruebas fehacientes individuales y colectivas de su
consustancial espíritu de superación.
He aquí una muestra de
resistencia a la adversidad extrema, junto a la prueba de cómo el
discurso consumista ha resultado una trampa para tantos jóvenes
audaces que creyeron en el maná crediticio y el crecimiento
económico sin fin. “No
podemos hacer
frente a las hipotecas”,
resume Luis
Doña, de 26 años, padre de una niña de 15 meses, presidente de la
Asociación de Defensa de los Hipotecados, que pretende renegociar la
deuda contraída con los bancos y recabar la ayuda de la
Administración.
Llevados por el entusiasmo de haber
encontrado un empleo estable, como comercial de una multinacional,
él y su compañera adquirieron hace cuatro años un crédito
hipotecario de 180.000 euros a pagar en 30 años para comprar un
piso. “Teníamos
que abonar 800 euros al
mes, pero es que ya estábamos pagando 600 de alquiler. Hace un año,
de buenas a primeras, nos quedamos los dos sin trabajo y ya se nos
ha agotado el paro. Hemos conseguido que el banco nos cobre
únicamente los intereses de la deuda, pero es que son 560 euros al
mes y no los tenemos, porque no nos sale nada. ¿Desmoralizados? Lo
que estamos es desesperados y eso que nuestro caso no es tan
dramático como el de otras familias que han sido desahuciadas, han
tenido que refugiarse en casa de su madre o su suegra”.
“LA
VOCACIÓN
PROFESIONAL HA DESAPARECIDO”
Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de
Sevilla, cree que la falta de ilusión hay que interpretarla, no
tanto por los efectos de la crisis, como por el cambio cultural
producido con anterioridad. “El
modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto vital de
futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y
contraprestaciones, ha desaparecido”.
“Ahora,
la
incertidumbre se impone en el trabajo y en la pareja y no está claro
que la dedicación, el compromiso, el estudio o el título, vayan a
tener su correspondiente compensación laboral y social”,
afirma. Si la
pregunta clásica de nuestros padres y abuelos: “¿Y
tú, que vas a
ser?”
pierde fundamento, se entiende mejor que los
esfuerzos juveniles respondan, más que a la ilusión por un proyecto
propio, al riesgo de quedar descartado. “Si
no estudio, si no hago ese
master...”.
Según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40%
de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus
estudios.
PRAGMATISMO DERROTA AL IDEALISMO A los
jóvenes no les resulta emocionalmente rentable comprometerse en un
proyecto de vida definido porque piensan que estaría sometido a
vaivenes continuos y que difícilmente llegaría a buen puerto.
“Aplican
la estrategia de flexibilizar los deseos y de restar
compromisos; nada de esfuerzos exorbitantes cuando el beneficio no
es seguro. Como el riesgo de frustración es grande, prefieren no
descartar nada y definirse poco”,
explica Eduardo Bericat.
A eso, hay que sumar un acusado pragmatismo -nuestros chicos
son poco idealistas-, y lo que los expertos llaman el “presentismo”,
la
reforzada predisposición a aprovechar el momento, “aquí
y ahora”, en
cualquier ámbito de la vida cotidiana. De acuerdo con los
estudiosos, esa actitud responde tanto a la sensación subjetiva de
falta de perspectivas, como al hecho de que el alargamiento de la
etapa juvenil invita a no desperdiciar “los
mejores años de la vida” y a
combinar el disfrute hedonista con la inversión en formación.
PREOCUPANTE “INFANTILIZACIÓN DE LA
JUVENTUD” A
falta de datos sobre el alcance del “síndrome
ni-ni”, el catedrático de
Sociología de Sevilla explica que el pacto implícito entre el
Estado, la familia y los jóvenes, pacto que compromete al primero a
sufragar la educación y a la segunda a cargar con la manutención,
alojamiento y ocio, hace creer a algunos jóvenes que en las actuales
circunstancias pueden retrasar la toma de la responsabilidad.
“Desarrollan
una actitud nihilista porque
no se les exige estar motivados, ni asumir responsabilidades y hay
redes y paraguas sociales. En las convocatorias para cubrir plazas
de becarios, me encuentro con aspirantes de treinta y tantos y hasta
de cuarenta años, y lo curioso es que esos becarios se comportan
como becarios. Es la profecía autocumplida. Si les llamas becarios y
les pagas como tales terminarán convirtiéndose en becarios. Lo que
me preocupa es la infantilización de la juventud”,
subraya.
“Los
jóvenes de ahora
no son capaces de arriesgar, son conservadores”,
constata Elena
Rodríguez. ¿La tardía emancipación juvenil española (bastante por
encima de los 30 años de media) es, sobre todo, fruto de la
inestabilidad y precariedad del mercado laboral o consecuencia de
ese supuesto conservadurismo? Aunque la diversidad y pluralidad de
la juventud aconseja huir de las visiones unívocas, no se puede
perder de vista que ellos no han tenido que vencer los obstáculos de
las generaciones precedentes.
POCA CONFIANZA EN LA
SOCIEDAD “Miramos
con
descrédito la vida que nos ofrece la sociedad. Nuestros padres
trabajaron mucho y se hipotecaron de por vida, pero tampoco les
hemos visto muy felices. No es eso lo que queremos. La gente tiene
pocas prisas para hacerse mayor”,
explica
Letizia Tierra, voluntaria de una ONG. Por lo general, las personas
que trabajan en asociaciones de ayuda juvenil tienden a repartir sus
juicios con la medida de la botella medio llena, medio vacía.
“En
el CIMO (Centro de Iniciativas de la Juventud) vemos
apatía y falta de ilusión generalizada. Muchos de los 200.000 nuevos
titulados universitarios anuales afrontan con pesimismo la búsqueda
de empleo. Saben que hay un elevado porcentaje de puestos de
cajeros, reponedores, almacenistas, dependientes, etcétera ocupados
por diplomados o licenciados”,
afirma Yolanda Rivero, directora de esa
asociación que atiende a diario a más de 600 jóvenes.
Con
todo, descubre también a muchos jóvenes capaces de adaptarse y de
asumir retos y riesgos. “La
generación JASP (jóvenes
sobradamente preparados) tiene la ventaja de su mayor formación. A
la vista del panorama, continúan formándose, viajan, trabajan, de
camarero, si es preciso, para pagarse un master y aprovechan sus
oportunidades, aunque, eso sí, en casa de papá y mamá hasta los 35
años, por lo menos”.
El catedrático de Psicología Social Federico Javaloy, autor
del estudio-encuesta de 2007, Bienestar y felicidad de la juventud
española, cree probado que nuestros jóvenes no son apáticos y
desilusionados, aunque lo estén, por contagio ambiental.
“Lo
que pasa es que rechazan el menú laboral que les
ofrecemos. El fallo es nuestro, de nuestra educación y nuestros
medios de comunicación”,
sostiene.
IDENTIDAD: AFICIONES E IDENTIFICACIÓN GENERACIONAL
Aunque las ONG encauzan en España las inquietudes que los
partidos políticos son incapaces de acoger, tampoco puede decirse
que la participación juvenil en ese campo sea extraordinaria.
“Algo
menos del 10% de los jóvenes
participa en algún tipo de asociación, deportivas, en su mayoría,
pero el porcentaje que lo hace en las ONG no llegará, seguramente,
al 1%”,
indica el catedrático de Sociología de la UNED, José
Félix
Tezanos.
Autor del estudio Juventud y exclusión social,
Tezanos detecta entre los jóvenes una atmósfera depresiva, un
proceso de disociación individualista, condensado en la expresión
“sólo
soy parte de mí mismo” y el debilitamiento de la familia.
“Se está
produciendo una gran quiebra cultural. Los componentes identitarios
de los jóvenes no son ya las ideas, el trabajo, la clase social, la
religión o la familia, sino los gustos y aficiones y la pertenencia
a la misma generación y al mismo género; es decir: elementos
microespaciales, laxos y efímeros”,
subraya.
El sociólogo de la UNED se pregunta hasta cuándo
aguantará el colchón familiar español y qué pasará cuando se jubilen
los padres que tienen a sus hijos viviendo en casa.
A su
juicio, el previsible declive de la clase media, la falta de
trabajos cualificados –“el
bedel de mi facultad es ingeniero”, indica-, el
becarismo rampante, la baja natalidad y el desfase en gasto social
respecto a Europa están creando una atmósfera inflamable que abre la
posibilidad de estallidos similares a los de Grecia o Francia.
“Podemos
asistir al primer proceso masivo de descenso social
desde los
tiempos de la Revolución francesa”,
augura.
UN FUTURO PEOR QUE EL DE SUS PADRES Más
apocalíptico se manifiesta Alain Touraine en el prólogo del libro de
José Félix Tezanos. “Nuestra
sociedad no tiene mucha confianza en el porvenir puesto
que
excluye a aquellos que representan el futuro”
(...) “Se piensa que los
jóvenes van a vivir peor que sus padres”,
escribe el intelectual
francés. Y añade: “Avanzamos
hacia una sociedad de extranjeros a
nuestra propia sociedad”
(...) “Si hay una tendencia fuerte, es que
tendremos un mundo de esclavos libres, por un lado, y a un mundo de
tecnócratas, por otro”
(...) “Los jóvenes tienen que trabajar de
manera tan competitiva, que se acaban rompiendo (...) No están sólo
desorientados, es que, en realidad, no hay pistas, no hay camino, no
hay derecha, izquierda, adelante, detrás”.
Nadie parece saber, en efecto, con qué se sustituirá la
vieja ecuación de la formación-trabajo-estatus estable, si, como
pregonan estos sociólogos, la educación en la cultura del esfuerzo
toca a su fin y gran parte de los empleos apenas darán para
malvivir.
¿MODELO DE SOCIEDAD AGOTADO? Aunque
estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar
el mundo, muchos estudiosos creen que la juventud no permitirá, sin
lucha, la desaparición de la clase media. “El
mundo que alumbró la
Ilustración, la Revolución francesa y la Revolución industrial está
agotado. La superproducción y la superabundancia material en
estructuras de gran desigualad social carecen de sentido, hay que
repensar muchas cosas, construir otra sociedad”,
afirma Eduardo
Bericat.
Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas
formas de relaciones personales, la búsqueda de una mayor
solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y religiones
convencionales, los intentos de combatir la crisis y de conciliar
trabajo y familia, el ecologismo y hasta el nihilismo denotan, a su
juicio, que algo se mueve en las entretelas de esa generación.
“Son
alternativas que, aisladamente, pueden resultar peregrinas, pero
que, en conjunto, marcan la búsqueda de un nuevo modelo de
sociedad”,
dice el profesor. ¿Será posible que esta juventud
supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada
a abrir nuevos caminos?.
3.- El
número de bodas en la UE se reduce casi un 20 por ciento desde
1990 MADRID,
EFE. / ACPress.net Cae la
nupcialidad de forma importante en España y en Europa. Por ejemplo,
en 1990 hubo casi 3 millones de matrimonios en la UE, mientras que
en 2007 hubo 2,4 millones, una caída del 19,5%. Es uno de los datos
que figura en un informe elaborado por el Instituto de Política
Familiar (IPFE) con datos de Eurostat, en el que también destaca el
hecho de que en España el número de matrimonios ha descendido en un
10,8% con respecto a 1990.
El
informe pone de manifiesto que la tendencia ha sido generalizada, ya
que de los 27 miembros de la UE, sólo cuatro -Irlanda, Dinamarca,
Finlandia y Chipre- han computado más matrimonios que en 1990.
El mayor descenso, de un 45%, se ha producido en Bulgaria,
seguido de Chequia, con un 43,90% menos, y de Portugal, con un 34,4%
menos. Once países experimentan un descenso de más del 30%.
Por contra, Malta, Grecia y Rumanía son los países en los
que el número de matrimonios en el periodo estudiado ha descendido
menos, con valores de 0,7% y 2%.
ESPAÑA PIERDE UN 11% EN
17 AÑOS En España cada vez se producen menos matrimonios a
pesar del aumento de la población, subraya el informe. Así, se
desprende que en 2008 se registraron 196.613 matrimonios, un
descenso del 10,8% con respecto a 1990, y sólo en 2008 hubo 7.084
matrimonios menos que el año anterior.
Si se excluyen los
matrimonios internacionales habidos en España, el descenso con
respecto a 1990 habría sido de 20,1%, ya que en uno de cada cinco
matrimonios que se producen en España al menos uno de los cónyuges
es extranjero.
El número de matrimonios por cada mil
habitantes -tasa de nupcialidad- ha caído un 28% en los años
estudiados, al pasar de 5,68 a 4,23.
MADRID, COMUNIDAD
CON MAYOR REDUCCIÓN Por Comunidades Autónomas, tan sólo
cinco han tenido un aumento en el número de matrimonios: Cantabria,
Castilla La Mancha, Navarra, Ceuta y La Rioja.
La Comunidad
en la que más ha decrecido el número de matrimonios ha sido con gran
diferencia Madrid, hasta el punto de que en 2008 se celebraron 7.792
matrimonios menos que en 1990, un 26,3% de descenso.
El
estudio también destaca que casi todas las Comunidades Autónomas
-excepto Castilla La Mancha, Andalucía, Asturias y Extremadura-
tienen una tasa de nupcialidad por debajo de la media europea.
En los extremos se sitúan Canarias, con una tasa de 3,09
matrimonios por cada mil personas, y Cantabria con 5,46.
POCAS AYUDAS Pese a todo estos datos, el
Instituto de Política Familiar afirma que encuestas y estudios de
opinión constatan de manera “unánime
e incontestable la vigencia del
matrimonio”,
una institución que está “considerada y valorada por la
mayoría”.
Para IPFE, este descenso en el número de matrimonios se debe
en parte a una “falta
de ayudas de carácter
político, económico, social y jurídico”
y un “constatable déficit de
ayudas por parte de las administraciones al matrimonio y la
familia”.
4.- Fumar y
las dietas basura tiran por tierra cualquier avance en la
medicina NUEVA
ORLEANS, Colpisa. / ACPress.net Los
malos hábitos enferman. Así ha quedado de manifiesto una vez más, en
el 69º Congreso de la Asociación Estadounidense de Diabetes (ADA),
celebrado en Nueva Orleans. En la convención, además de desvelar los
últimos avances clínicos, también se ha dejan espacio a los consejos
médicos cotidianos.
En el
caso de la diabetes, los 13.000 especialistas participantes en el
congreso de la ADA vieron refrendado el sombrío vaticinio de que
será “la
siguiente epidemia”. Y también la clave
de ese pronóstico: la enfermiza ‘mala
costumbre’ se llama obesidad, que es
fruto de hábitos tan insanos como el sedentarismo y las
dietas-basura.
El grave exceso de kilos (en 2015 habrá 700
millones de obesos) empieza a disputar la condición de “asesino
número 1”
a las enfermedades cardiovasculares, que muchas veces
son
simplemente la otra cara de la moneda, porque la obesidad eleva
considerablemente el riesgo de muerte cardiovascular.
De ahí
la advertencia de algunos expertos: “Medio
mundo se muere de
hambre, y el otro medio, de gordo”.
En la lista de hábitos peligrosos para la
salud incluye factores de riesgo tan importantes como el tabaco, el
alcohol con sus daños orgánicos y psíquicos, y la contaminación
ambiental, agrícola y de otras numerosas fuentes, que se asocia a
cánceres y otras enfermedades.
PRIORIDADES DENTRO DE LA
PREVENCIÓN En este contexto, congresos como el de diabetes
en Nueva Orleáns o el de oncología clínica que reunió a 30.000
especialistas en Orlando, sirven también para alertar sobre los
grandes retos preventivos. En esta era de la comunicación, y más
allá del foco noticioso en los avances clínicos, los investigadores
no se esconden en su laboratorio y se ponen la ‘bata
de diario’ con
consejos básicos de salud.
Y lo mismo hacen los responsables
de la industria farmacéutica y pacientes de renombre que, como la
cantante Olivia Newton-John en Orlando, les roban un rato de
protagonismo a los científicos para animar a otros enfermos, porque
“no
soy doctora ni
experta, pero conozco el cáncer de primera mano desde hace 17
años”.
PRINCIPIOS QUE HAY QUE INCULCAR Esta gran alianza
preventiva no es de ahora. Y si profesores de Harvard ‘bajan’
a la arena de la medicina cotidiana para subrayar tres
consejos claves contra el cáncer --no fumar, dieta saludable y
controles médicos regulares--, otros expertos lo hacen frente a
distintas enfermedades. En el caso de las cardiovasculares, la
receta básica tiene mucho en común, porque, como suele repetir el
español Valentín Fuster, uno de los máximos especialistas mundiales
en la materia, se trata sobre todo de alimentarse mejor, renunciar
al tabaco y hacerse una revisión médica cada año. Y todo ello será
más fácil cuando la educación para la salud se ha interiorizado
desde la infancia.
Una idea que hacía suya estos días en
Nueva Orleans el director de investigación y desarrollo de Novo
Nordisk, Mads Krogsgaard Thomsen, a propósito de la diabetes.
“Hay que
aprender estilos de vida saludables desde la escuela, porque cuando
se es adulto resulta casi imposible cambiar los hábitos, y los
buenos deseos son siempre para el día siguiente”.
Además,
añadían el consejero delegado y el director médico de esa compañía
en España, Luis Silva y Danilo Verge, también entran en juego otros
intereses que pueden favorecer la mala alimentación -“la
comida
saludable te cuesta el doble que la comida basura”-
o la vida
sedentaria. |